¿Qué es la gestión de riesgos energéticos?

La energía, y especialmente la electricidad, influye en todos los aspectos de la vida moderna y de la actividad empresarial. Desde los combustibles fósiles hasta las energías renovables, el panorama energético está evolucionando rápidamente debido a la innovación tecnológica y a una creciente apuesta por la sostenibilidad. Además, los conflictos geopolíticos están reforzando la necesidad de proteger la seguridad del suministro energético. En este contexto, la gestión de riesgos energéticos se ha convertido en una prioridad tanto para las empresas como para los países. Una gestión eficaz de estos riesgos ayuda a las organizaciones a afrontar la incertidumbre de los mercados energéticos y a garantizar un suministro fiable.

Gestión de riesgos energéticos: definición

La gestión de riesgos energéticos no debe confundirse con un sistema de gestión de la energía conforme a la norma ISO 50001. Se refiere a la planificación estratégica y a la aplicación de políticas, procedimientos y prácticas destinadas a gestionar los riesgos asociados al sector energético. Conocida habitualmente como Energy Trading and Risk Management (ETRM), implica un enfoque integral para identificar, evaluar y mitigar los riesgos financieros, operativos y reputacionales a los que se enfrentan las empresas energéticas en sus operaciones diarias, así como para fomentar una cultura de concienciación sobre los riesgos dentro de la organización.

En el núcleo de la gestión de riesgos energéticos está el reconocimiento de que el mercado de la energía es, por naturaleza, volátil y está sujeto a una amplia variedad de factores impredecibles. Entre ellos se incluyen las fluctuaciones de los precios de la energía, los cambios en la oferta y la demanda, las modificaciones regulatorias, las tensiones geopolíticas, los riesgos de ciberseguridad, los riesgos ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) y los avances tecnológicos. El objetivo es desarrollar un marco sólido que permita al sector energético mantener su resiliencia y capacidad de adaptación frente a estas incertidumbres.

Para las empresas que dependen de un suministro energético constante, y en muchos casos sostenible, para respaldar sus operaciones, también es fundamental gestionar los riesgos relacionados con el rendimiento y la eficiencia energética. En el caso de las organizaciones implicadas en proyectos de energías renovables, una gestión eficaz de los riesgos asociados a las energías renovables permite anticipar desafíos y asegurar la continuidad de las operaciones.

Proceso de gestión de riesgos energéticos: las tres etapas principales

El proceso de gestión de riesgos energéticos sigue una metodología estructurada que comprende tres etapas fundamentales: identificación, evaluación y mitigación. Cada una de ellas es esencial para gestionar eficazmente los distintos riesgos asociados al sector energético.

  1. Risk iIdentificación de riesgos: detección exhaustiva de los riesgos potenciales que podrían afectar a la empresa energética.
  2. Evaluación de riesgos: análisis de la probabilidad de que se produzcan los riesgos identificados y del impacto potencial que podrían generar.
  3. Mitigación de riesgos: implementación de estrategias y acciones para gestionar los riesgos identificados y evaluados.

A lo largo de estas etapas, es fundamental que las empresas energéticas mantengan la flexibilidad y la capacidad de adaptación, ya que el entorno de riesgos evoluciona constantemente.
Estos mismos principios pueden aplicarse a las organizaciones que buscan gestionar los riesgos relacionados con el uso eficiente de la energía mediante la implantación de un sistema de gestión de la energía conforme a ISO 50001. Asimismo, cualquier empresa puede apoyarse en la norma internacional ISO 31000, Gestión del Riesgo - Directrices, una norma no certificable que proporciona principios, un marco de referencia y un proceso para gestionar los riesgos de forma sistemática.

Tipos de riesgos energéticos

Los riesgos energéticos son diversos y pueden afectar significativamente tanto a las operaciones como a la estabilidad financiera de las empresas del sector. Comprenderlos es clave para desarrollar estrategias de gestión eficaces. Algunos de ellos son:

  • Riesgo de mercado: uno de los riesgos más habituales, derivado de la volatilidad de los precios de la energía.
  • Riesgo de crédito: surge cuando existe la posibilidad de que una contraparte no cumpla con sus obligaciones financieras.
  • Riesgo operativo: relacionado con los procesos internos, los sistemas y las personas. Incluye riesgos derivados de fallos técnicos, errores humanos o interrupciones en la cadena de suministro.
  • Riesgo regulatorio: especialmente relevante en una industria altamente regulada. Los cambios legislativos, normativos o en las políticas públicas pueden tener un impacto significativo.
  • Riesgo ambiental: asociado a la posibilidad de causar daños al medio ambiente y a las consecuencias económicas y reputacionales derivadas de ellos.
  • Riesgo geopolítico: puede afectar profundamente al sector energético al influir en las cadenas de suministro y en la estabilidad de los mercados.
  • Riesgo tecnológico: derivado de una dependencia creciente de la tecnología. A medida que aumenta la digitalización, también lo hacen los riesgos de ciberataques y de obsolescencia tecnológica.

La importancia de la gestión de riesgos energéticos

Contar con el apoyo de un especialista en gestión de riesgos energéticos permite a las organizaciones reforzar su resiliencia frente a la naturaleza impredecible de los mercados energéticos y asegurar su sostenibilidad y éxito a largo plazo.

Algunos tipos de riesgos son comunes a todas las organizaciones y no se limitan únicamente al sector energético. En este sentido, la implantación de un sistema de gestión de la energía conforme a ISO 50001 puede ayudar a las empresas a gestionar estos riesgos y a mejorar su eficiencia energética. Además, las organizaciones pueden obtener una certificación en gestión energética o participar en cursos de formación en medio ambiente y energían para seguir fortaleciendo sus capacidades en la gestión de riesgos energéticos y ambientales.

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