La innovación está ampliamente reconocida como esencial para la competitividad y la resiliencia. Sin embargo, la última encuesta ViewPoint de DNV, realizada a más de 1.200 empresas, revela una llamativa brecha entre la intención y el nivel de madurez. Aunque la mayoría de las organizaciones incluyen la innovación en su agenda, solo una minoría se considera altamente madura en la forma en que la gestiona.
Los resultados ponen de relieve que muchas empresas ponen en marcha iniciativas de innovación sin un sistema de gestión estructurado. Casi la mitad afirma no contar con un enfoque estructurado ni tener planes para implantarlo. A pesar de ello, muchas siguen declarando resultados satisfactorios, impulsados en gran medida por factores externos como la competitividad y la estrategia corporativa. Sin embargo, sin una alineación sistemática con estos impulsores, las empresas corren el riesgo de no alcanzar sus ambiciones declaradas.
En contraste, las empresas líderes, con estrategias de innovación consolidadas, responsabilidades asignadas y objetivos medibles, adoptan un enfoque estructurado y centralizado. Integran la innovación con las prioridades del negocio, la consideran crítica para el crecimiento e invierten más en ella. Entre estas organizaciones, aproximadamente dos tercios han aumentado sus presupuestos de innovación en los últimos años, frente a alrededor de un tercio en el conjunto de las empresas.
Las empresas líderes se diferencian por combinar estrategias formales, responsabilidades claras y procesos estructurados que convierten la innovación en una parte integrada del funcionamiento del negoc
Al compararlas con la norma internacional ISO 56001, para sistemas de gestión de la innovación, las empresas promedio no alcanzan los requisitos. Los mejores desempeños ya muestran una buena alineación con la norma ISO y destacan por sus prácticas estructuradas.
La encuesta indica que pasar de iniciativas dispersas a un enfoque sistemático y alineado con estándares es clave para sostener la innovación en el tiempo. Las empresas líderes demuestran que una gobernanza estructurada, recursos dedicados y la integración con las prioridades corporativas conducen a resultados de mayor impacto.
El mensaje es claro: los esfuerzos dispersos ya no son suficientes. Quienes actúen ahora para profesionalizar su innovación no solo protegerán su competitividad, sino que también desbloquearán el potencial para dar forma a los mercados del futuro y crear valor duradero.